Salimos temprano desde los Molles, ya que el viaje iba a ser muy duro. El dueño de la cabaña nos lo había recomendado. Por la época del año podríamos encontrar nieva sobre el camino. En esta época solo es recomendable para 4 x 4, a partir de enero se puede llegar en auto de tracción simple.
Pasamos las leñas, hasta que se termina la ruta 222 de asfalto. A partir de allí comienza el ripio, y unas subidas tremendas que nos obliga a bajarnos de la bicicleta y caminar cargando las mismas.
Hicimos un alto en el glaciar de los arrieros para descansar y tomar algo. Son leguas de hielo que bajan de la montaña que por momentos cruzan el camino, ya para el verano retroceden haciendo que se puede circular sin problemas.
Continuamos viaje, y ya la altura y la pendiente del terreno nos hacía dudar de continuar, ya habíamos andando casi 3 horas desde que dejamos el asfalto, y la falta de oxigeno y el cansancio se hacía sentir. Para el este se veía unas nubes tremendas, que era al lugar al que debíamos regresar.
Pedaleamos hasta el monolito que indica la cota máxima de altura, a partir de allí era bajada hasta la laguna de valle hermoso. Dado el cansancio y las nubes amenazantes, decidimos no seguir, dado que tenia bajada pero luego había volver con una gran subida.
El regreso fue alucinante tardamos solo 30 minutos en la bajada hasta el asfalto (nos había llevado 4 horas subir!!!!!!!!!!!), allí pudimos probar los frenos a discos de la Bici que Leo le prestó a Santi, y la verdad allí se ve la diferencia con los V Brake míos. En el camino cruzamos los arroyitos de agua que vimos a la ida, pero para la tarde los mismo se había transformado en cursos de agua que bajaban con gran fuerza de la montaña cruzando el camino
Fue una jornada muy agotadora, pero la vistas de las montañas camino a Valle Hermoso valieron la pena el esfuerzo.
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